¿POR QUÉ MI EMPRESA YA NO CRECE?

“Somos una empresa fuertemente asentada en el territorio. La proximidad, la calidad y el compromiso son los valores que mejor nos definen. Nuestros productos son excelentes. Su calidad es muy superior a la de los de nuestra competencia. Durante años, nuestras ventas fueron en aumento ejercicio tras ejercicio. Sin embargo, desde hace algún tiempo nuestras cifras de negocio han dejado de crecer.”

¿Te suena?

Es una percepción muy común en muchas organizaciones. Y muchas de ellas son empresas familiares.

Cuando analizamos la evolución de una empresa, es conveniente revisar su historia hasta el momento. Para ello, puedes hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿En qué períodos la empresa registró una variación positiva en sus ventas de al menos el 10% durante dos años consecutivos como mínimo?
  • ¿Cuál era el contexto en que se dió ese crecimiento?, ¿qué hechos significativos tuvieron lugar en ese momento?
  • ¿Qué productos sustitutivos, o considerados competidores, existían en ese momento?, ¿y ahora?

Las respuestas a estas preguntas permiten distanciarse de la situación para poder analizarla con cierta perspectiva. Además, posibilita el hecho de tomar consciencia de que, seguramente, el contexto ya no es el mismo. Quizás hayan cambiado ciertos factores externos. O, puede que hayan variado algunas circunstancias internas como, por ejemplo, la organización de las personas y puestos de trabajo. Los movimientos en los roles de las personas que componen la empresa tienen una gran influencia y repercusión en los resultados del negocio.

Por supuesto, no buscamos
culpables
del no crecimiento.

Es posible que en el pasado la empresa se haya esforzado por crear un producto de excelente calidad. No obstante, cabe la posibilidad de que en el momento actual el cliente ya no valore ese nivel de calidad pero sí la rapidez en el servicio. Esto significa que hay una disonancia entre un valor fuertemente arraigado en la empresa y el principio rector que los clientes muestran ahora.

Además de poder clarificar los puntos comentados anteriormente, la teoría sistémica nos aporta la idea de que la empresa nace con un destino concreto y empieza a decrecer cuando lo ha alcanzado.

Por lo tanto, hay una conexión entre el origen y el destino de la empresa.

Por ejemplo, si ha tenido lugar un relevo generacional y la persona que fundó la empresa ya no está al frente de la misma, quién ejerza el nuevo liderazgo será quién deba revisar en qué medida la organización necesita un relanzamiento para adaptarse a un entorno diferente. El hecho de que un 70% de las empresas familiares no logren sobrevivir a la segunda generación es un dato que invita al análisis. Y realizando este análisis podremos encontrar nuevas oportunidades para el crecimiento de la empresa y, a la vez, gestionar los factores limitantes que existan.

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